Fernando Rovetta

Doctor en Filosofía

Gaspar Risco Fernández, filósofo y teólogo de la comunicación, no solo teorizó sobre este modo propio de relación entre personas. La practicó de una manera muy diáfana y lúcida ante toda realidad: desde la más enraizada, en la Salamanca de su juventud o en el NOA de su madurez, hasta la más elevada y fundante, siempre.

Experto y conocedor de los místicos, encontró en la literatura de Dostoievski y en el cine de Bergman, denodadas búsquedas del sentido de la vida en un mundo convulso, violento e injusto. Pero no se quedó encerrado en sus lecturas, supo traducir esos escenarios y argumentos en proyectos educativos y liberadores. Y esto, desde el Instituto de Cultura Popular hasta su cátedra de Filosofía Medieval en la UNT de la que fue cesanteado dos veces -caso único- por militares golpistas.

Con veinticuatro años, en Salamanca, no sólo había obtenido cum laude por unanimidad en sendas tesis de licenciaturas escritas en latín, era buen futbolista y había fundado la revista Ajedrez. En la sección “Jaque al Rey” de dicha revista, este seminarista de los Operarios encontraba un modo de criticar al nacionalcatolicismo. Lo hacía dos años antes de que se convocara el Concilio Vaticano II (1959); y antes de que Bergman -que cuestionó la Guerra Civil española- presentara en Detrás de un vidrio oscuro (1961) unos fotogramas de “un dios-araña, de ojos helados y antropófago”.

En la huella de Tomás de Aquino o de Francisco de Vitoria, representantes de las escolásticas de los siglos XIII y XVI, distinguía con claridad meridiana lo religioso de lo político. A la vez, invitaba a dialogar con los “maestros de la sospecha”, al extremo de generar una tercera escolástica que busque respuestas a los desafíos globales, porque mientras se constatan avances científicos y tecnológicos, se retrocede en términos de desigualdad, nuevas formas de esclavitud, de violencia y destrucción del ecosistema.

Gaspar fue el mentor y de hecho codirector de varias tesis doctorales, como la de Alejandro Auat (UNSE) y la mía (UCLM) ambas sobre Vitoria. En aquella, dialoga con Habermas sobre la comunicación y con Hannah Arendt sobre la soberanía, que pasó de ser atributo del Estado a serlo hoy del Mercado. En la otra, se anticipa y confronta la teoría política del Individualismo posesivo. Frente a una teoría política angloamericana, cuyo derecho paradigmático es la apropiación; y a partir de la Crítica de la razón colonizadora de Gaspar (1985), encontramos para Iberoamérica una teoría política centrada en la comunicación. Entendida ésta como una relación entre seres libres que, al extenderse al ecosistema lejos de denigrarse o denigrarlo, se y lo dignifican.

Además de erudito, honesto y sabio, acaso por todo ello, Gaspar era un amigo. De los que escuchan, acompañan y promueven. Años antes de que lo nombraran profesor emérito de la UNT, y hasta no hace mucho, los sábados a la mañana se reunía con José Canal-Feijoo, Adalberto Villecco y el equipo In Veritatem para pulir una traducción medieval; los martes a la noche, con Luis García, Jorge Bianchi, Hugo Ferullo y los amigos del Centro de Estudios Regionales a planificar o evaluar Jornadas en el Valle Calchaquí u otros puntos del NOA; y los jueves, en La Linterna Mágica que él creó y hoy dirige Lalo Ruiz Pesce, dialogaba con otros cinéfilos como Carla Baffo o Alberto González, editor de su libro sobre Bergman.

En medio de esta infatigable tarea, se casó con la profesora en literatura Ana María Musso, con la que tuvieron tres hijos: Mercedes, Juan Pablo y Ana. Los dos primeros son doctores en Filosofía, la menor, en Letras. Por su parte, en 2017 la Universidad Nacional de Santiago del Estero, por iniciativa de su profesor Gustavo Carreras, lo invistió Doctor Honoris Causae. La laudatio, la escribimos y video grabamos entre quienes tuvimos el enorme privilegio de frecuentarlo en alguno de esos escenarios que Gaspar generaba.

Así, comunicándose en diferentes registros, sin caer nunca en maniqueísmos ni componendas, buscaba siempre la instancia superadora para salir de los laberintos por arriba, como decía su amigo Arturo Ponsati. Gaspar; de tanto comunicar(se) toda su vida se nos hizo imprescindible, como diría Brecht. Nellibe Bordón y Ruth Ramasco heredaron su cátedra y su magisterio en la UNT, nos toca a los demás hacer que sus obras, sus proyectos o su memoria se incardinen en la esperanza, que Péguy la describe como “una llama imposible de dominar, imposible de apagar al soplo / de la muerte…”